Imágenes: © Iván Benítez.
El investigador navarro J.J. Benítez de nuevo en plena aventura.
Al doctor iqueño Javier Cabrera Darquea, que me invitó a dudar de lo establecido.
Un bello sueño…
…y un desafío
Más de cinco millones de kilómetros en treinta años de investigación.
Yo era una persona normal. Al menos, eso creo…
Hasta que un buen día, alguien -aparentemente por casualidad- modificó el rumbo de mi vida. Y me vi envuelto en la investigación y difusión de asuntos extraños y misteriosos. Asuntos siempre polémicos, difíciles de esclarecer y, al mismo tiempo, fascinantes. Y así han discurrido más de treinta años…
Pues bien, desde muy temprano, desde que me inicié en el universo de los grandes enigmas, me vi acompañado por un ambicioso y singular sueño: viajar hasta los últimos rincones del planeta y sacar a la luz la cara oculta y mágica de paisajes y paisanajes. Un sueño que se ha cumplido, en parte. La verdad es que no puedo quejarme. En estos treinta años de investigación he dado la vuelta al mundo en más de cien oportunidades. Los kilómetros consumidos se cuentan por millones. Y también las experiencias y sensaciones. Pero es ahora -justamente con «Planeta encantado»- cuando aquel bello sueño ha empezado a cuajar definitivamente. Es ahora, con este atractivo proyecto, cuando presiento que la vieja idea ha alzado el vuelo.
Son muchos, como digo, los hallazgos, vivencias y sentimientos que me gustaría narrar. Y contarlo, además, de la mano de la imagen y con la ayuda de Iván Benítez, un joven maestro de la fotografía que ha demostrado hasta dónde puede llegar. Es ahora, al poner en limpio mis «Cuadernos de campo», cuando nace en realidad «Planeta encantado».
¿Qué pretendo? Muy simple: mostrar a las gentes de corazón limpio que el planeta, afortunadamente, sigue vivo. Vivo y poderoso en sus leyendas, en su mitología, en sus secretos…
«Planeta encantado» ha recorrido el mundo para usted. Y seguirá haciéndolo.
«Planeta encantado» le mostrará lo creíble y lo increíble. Lo más grande y lo supuestamente más pequeño.
«Planeta encantado» ha penetrado en las junglas y caminado por los ardientes desiertos de piedra y arena. Y así ha quedado escrito y fotografiado.
«Planeta encantado» trata de estimular su imaginación y, sobre todo, de enriquecer su espíritu.
Estamos, en suma, en un vuelo -motorizado por la imagen y la palabra- hacia lo más noble de la condición humana: la capacidad de soñar.
«Planeta encantado» es un desafío. ¿Seré capaz de sacar alaluz cuanto he llegado a contemplar y conocer?
En ello estamos…
J.J. Benítez.
Selvas, desiertos de arena, piedra o sal, montañas y sabana son los escenarios de «Planeta encantado».
Las piedras grabadas de Ica
Según consta en mi cuaderno de campo…
«Hombre gliptolítico», según el doctor Cabrera Darquea, en plena «transfusión de sangre».
Fue el domingo 3 de marzo del año 2001, hacia las 15 horas, cuando tuve la oportunidad y la fortuna de conversar con el doctor Javier Cabrera Darquea por última vez. Por aquel entonces, el viejo profesor se hallaba al cuidado de una de sus hijas. Su salud no era buena y sencillamente, tuve un presentimiento…
No me equivoqué. Meses después, a los setenta y siete años de edad, Javier Cabrera fallecía en la ciudad de Ica. Y con él se fue la gran utopía y, quizá, el último romántico… Este médico peruano se hizo mundialmente famoso cuando, en los años setenta, dio a conocer unas insólitas teorías sobre la existencia de una humanidad remota y desconocida que -según Cabrera- pudo habitar la Tierra hace sesenta y cinco millones de años. Unas hipótesis, lógicamente, que no fueron bien recibidas por la ciencia oficial… Pero Javier Cabrera -tenaz y fiel a sus ideas- siguió manteniendo la fascinante posibilidad de esa otra «humanidad», hoy desaparecida. Y lo hizo -me consta- después de haber reunido más de once mil piedras grabadas, extraídas, al parecer, en el vecino desierto de Ocucaje. Unas piedras grabadas -de todos los tamaños- en las que también aparecen hombres «alados»…
Existió otra humanidad Esas once mil piedras grabadas han sido expuestas, durante más de treinta años, en la citada casa-museo de la plaza de Armas, en la ciudad de Ica. Y allí continúan, por el momento, como mudos testigos de la lucha de este médico peruano. Una lucha aparentemente estéril en la que la arqueología no ha dado su brazo a torcer. Una historia aparentemente sin final. Once mil piedras con unos altorrelieves asombrosos, desenterradas, al parecer, en las arenas del vecino desierto de Ocucaje, a escasos kilómetros de Ica. Todo un tesoro arqueológico suministrado por los indios. Pero el doctor Cabrera, como digo, murió sin que la ciencia reconociera su labor…
No voy a extenderme ahora en el contenido de esta «biblioteca de piedra», ampliamente difundido en mi libro Existió otra humanidad (1975). Me limitaré a exponerlo muy por encima, dando prioridad -eso sí- a las imágenes. Aquí sí valen más que mil palabras…
Para empezar, hablemos del principal protagonista de estas piedras grabadas de Ica. En los miles de ejemplares que he podido contemplar en numerosas ocasiones se repite siempre una misma figura: lo que el doctor Cabrera llamaba el «hombre gliptolítico». Es decir, un individuo de gran cráneo, con unas manos no menos extrañas. Manos de cuatro dedos, siempre sin pulgares. Hombres (?), aparentemente, de pequeña estatura y en posesión de unos conocimientos desconcertantes. Toda una humanidad extinguida que -según Cabrera- habitó la Tierra en la era de los dinosaurios. Un pueblo que, por razones desconocidas, desapareció para siempre.
Marzo de 2001. Última entrevista de Javier Cabrera y J.J. Benítez en la ciudad peruana de Ica.
Desierto de Ocucaje, en Ica.
Pero, antes de extinguirse, esa humanidad nos dejó un legado. Una especie de «herencia», con la totalidad de sus conocimientos. Un legado muy original: miles de piedras grabadas. Algunas diminutas y otras de más de mil kilos de peso.
Javier Cabrera Darquea falleció el 30 de diciembre del año 2001, al atardecer, en la ciudad peruana de lca. Contaba setenta y siete años de edad. En 1966 recibe el regalo de una pequeña piedra grabada. En ella aparece una especie de reptil. Cabrera se interesa por dicha grabación y descubre miles de piedras similares. En 1974 había reunido alrededor de once mil. Hoy pueden ser contempladas en la casa-museo ubicada en la plaza de Armas de lca (sur de Lima). Javier Cabrera fue médico cirujano, graduado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y catedrático fundador de la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de lea. Durante treinta y siete años desarrolló su trabajo como médico en el Hospital Obrero de lca, e igualmente fue director de la Casa de la Cultura de dicha ciudad. En junio de 2001, las autoridades del pueblo de lca le rinden un último homenaje, concediéndole la medalla de oro de la ciudad y declarándole Hijo Ilustre de lca. Los responsables sanitarios deciden que el futuro hospital de La Tinguiña lleve el nombre de Javier Cabrera Darquea. El 17 de ese mismo mes de junio se funda la Asociación Dr. Javier Cabrera Darquea, que custodiará las piedras grabadas y difundirá las ideas y escritos del genial médico iqueño. Al frente de la asociación se encuentra Eugenia Cabrera, una de las hijas de Javier Cabrera. Entre los proyectos se encuentra la construcción de un museo que reúna la gran «biblioteca de piedra». Javier Cabrera es autor del libro El mensaje de las piedras grabadas de lca, actualmente agotado, y de cientos de artículos. Pronunció numerosas conferencias y por su casa-museo desfilaron miles de curiosos, seguidores y científicos de todo el mundo.
La extraña «biblioteca» lítica
• En numerosas piedras aparecen imágenes grabadas que podrían representar (?) trasplantes de órganos. Según Javier Cabrera, aquella humanidad sabía cómo hacerlo. Y grabó supuestos trasplantes de corazón, hígado, riñones e, incluso, de cerebro. Según especialistas que han llegado a verlos, «la perfección de los órganos y las técnicas quirúrgicas son increíbles».
• Y en otras «secuencias» -integradas por decenas de piedras (algunas de una tonelada de peso)- se observa también lo que Cabrera denominó la «hormona antirrechazo». Grabaciones en que aparecen mujeres embarazadas de las que se obtiene un elemento desconocido que, justamente, evita el problema de rechazo en los referidos trasplantes de órganos. ¿Una hormona antirrechazo en la sangre o en los fluidos de la mujer embarazada? Esto lo supe en 1974, de labios del propio Javier Cabrera. Curiosamente, en 1980, los médicos Ronald Finn y Charles St. Hill, del Royal Southern Hospital de Liverpool, hablaron por primera vez de la posibilidad de que los cirujanos de trasplantes pudieran estudiar el método de que se vale el feto, para evitar el rechazo de riñones, hígados y corazones trasplantados.
• ¿Transfusiones de sangre en la antigüedad? Eso se deduce de las imágenes que uno puede contemplar en las piedras de Ica y de las teorías del doctor Javier Cabrera.
• ¿Cesáreas hace millones de años? La ciencia oficial lo niega. Sin embargo, allí están: en decenas de enormes piedras grabadas…
• Y en otras «secuencias», órganos humanos minuciosamente dibujados. Corazones, hígados, riñones, cerebros, etc., con todo lujo de detalles anatómicos. De ser cierta la hipótesis de Cabrera, aquella humanidad conocía muy bien el funcionamiento del cuerpo humano.
• ¿Técnicas de acupuntura? Así lo demuestran los grabados. Para el desaparecido médico peruano, «los hombres gliptolíticos disponían de sistemas electrónicos que controlaban las funciones biológicas más vitales del hombre mientras permanecía en la mesa de operaciones».
• La «biblioteca» lítica reúne también enormes y pesadas piedras grabadas en las que han sido trazados enigmáticos «continentes» (?). Para Javier Cabrera se trataría de las masas continentales existentes hace millones de años. Por un lado, Laurasia, que daría lugar a los continentes del hemisferio norte, y, por otro, Gondwana, del que surgiría el hemisferio sur. Y en las masas oceánicas, otros dos «continentes» hoy desaparecidos: Mu, en el Pacífico y la Atlántida, en el océano Atlántico. Ésa, al menos, era la opinión de Javier Cabrera…
• Y otra de las desconcertantes sorpresas de la «biblioteca» lítica: cientos de piedras en las que aparecen animales prehistóricos. Toda clase de reptiles antediluvianos que habitaron el planeta hace millones de años y que, al parecer, empezaron a extinguirse hace sesenta y cinco millones de años. Series de grabados en los que -según Cabrera- se describen los ciclos biológicos de estos animales, los lugares donde habitaban y, sobre todo, la forma de aniquilarlos.
• ¿Hombres conviviendo con dinosaurios? Así se deduce al ver las piedras grabadas de Ica. Hombres «gliptolíticos» -de enormes cabezas y manos de cuatro dedos largos- que fueron grabados junto a monstruos prehistóricos. Esto significaría -siempre según Cabrera- que el hombre, en realidad, apareció en la Tierra mucho antes de lo que se ha dicho: en el Cretácico (hace cien millones de años). Los científicos lo rechazan y afirman que la humanidad -nuestra humanidad- surgió en el período Cuaternario (hace un millón de años, aproximadamente). Y junto a los dinosaurios, otros muchos animales. Algunos, «imposibles» en América. Éste es el caso de los canguros. ¿Cómo pudieron llegar los marsupiales a las actuales costas del Perú? Como es sabido, los canguros -según la ciencia- son originarios de Australia. ¿Cómo pueden estar representados en las piedras grabadas de Ica? Para Cabrera, la explicación era muy sencilla: en aquella remota antigüedad, las masas continentales eran pobladas por animales que, posteriormente, quedaron aislados en determinados sectores.
• También los conocimientos astronómicos se encuentran reflejados en esta increíble y misteriosa «biblioteca» lítica. En decenas de piedras aparecen estrellas, planetas y cometas. Uno de éstos -el llamado cometa Kohoutek-, registrado en 1973, fue grabado en una enorme piedra de casi novecientos kilos. Y uno se pregunta: ¿cómo es posible, si la órbita del Kohoutek es tan dilatada que precisa de cien millones de años para cruzar frente a la Tierra? iCien millones de años desde el último paso de este cometa! Es decir, en pleno Mesozoico…
• ¿Y qué decir de las constelaciones grabadas en estas piedras de Ica? No son doce, sino trece las que forman el zodíaco de la «biblioteca» lítica. Para el médico peruano, aquella remota humanidad tuvo que abandonar la Tierra ante el inminente peligro de un formidable cataclismo cósmico. En otras palabras: el mundo, al parecer, se vio amenazado por la colisión de un gran asteroide. Algo que, según todos los indicios, pudo tener lugar hace sesenta y cinco millones de años. Algo que terminó con los dinosaurios. Pero antes del gran éxodo, el hombre «gliptolítico» dejó sus conocimientos en el único material que resiste el paso del tiempo: la piedra.
• Y un capítulo no menos inquietante: los hombres «alados» en las piedras de lca. Individuos que vuelan merced a grandes «pájaros de aspecto mecánico» o, incluso, a los lomos de enormes animales prehistóricos. Para el investigador Javier Cabrera, estos grabados sólo pueden significar «que aquella humanidad disponía de una tecnología muy avanzada, capaz de vencer la gravedad».
• Y junto a los «pájaros mecánicos», otro irritante enigma: ¿tenía nuestro mundo tres lunas? Así podemos verlo en las piedras grabadas de lca.
¿Transplantes de cerebros?
¿Hormona antirrechazo en la mujer embarazada?
Órganos humanos perfectos en las piedras grabadas de Ica.
¿Cesáreas hace sesenta y cinco millones de años?
Un supuesto hígado humano grabado en una piedra de 50 kilos de peso.
¿Manipulación de órganos humanos?
Según Cabrera, mapamundi de la Tierra en un remoto pasado. A la izquierda, el mítico «Mu».
¿Animales antediluvianos conviviendo con el hombre? La ciencia dice «no». Las piedras de Ica, sin embargo, muestran lo contrario…
El «hombre gliptolítico» luchando con los dinosaurios.
¿Canguros en América?
Otra sorpresa: extraños «pájaros mecánicos» en las piedras de Ica.
Si las piedras grabadas de Ica son auténticas, ¿quién volaba en la antigüedad?
La eterna cuestión Recuerdo que en aquella última charla con Javier Cabrera Darquea, en marzo del año 2001, volví a plantear la vieja, casi eterna cuestión: -Javier -le insinué-, ¿no es hora ya de desvelar el lugar del que se extraen las piedras? Tú no vivirás eternamente…
Cabrera, acosado por el cáncer que se lo llevaría en poco más de ocho meses, sonrió burlón. Y respondió con la respuesta que ya conocía; la que repetía desde hacía casi treinta años:
-No soy rico, querido amigo… Y el hombre es egoísta. Esas once mil piedras me han costado mucho dinero. Si ahora diera a conocer el lugar del que son extraídas, toda la fama se la llevarían otros…
-Pero, Javier-insistí inútilmente-, eso no es cierto. Tú has sido el gran motor…
Y, como siempre, llegado a este punto, sonreía indulgente y cambiaba de tema. Fue inútil. En los veintisiete años que disfruté de su amistad no pude lograr una sola pista sobre el supuesto yacimiento del que, al parecer, habían sido desenterradas aquellas miles de piedras grabadas. Y otro tanto ocurrió con los indios de la vecina aldea de Ocucaje y que -según Cabrera- eran los responsables de la citada extracción. Cada vez que los interrogué, y fueron muchas mis visitas a la zona, respondían con un elocuente silencio. Era increíble. Una de dos: o el pacto entre el médico iqueño y los indios era mucho más sagrado de lo que se suponía o Javier Cabrera nunca fue informado sobre el lugar o lugares de los que se desenterraban las piedras grabadas.
Y con el paso del tiempo, en especial a la vista de lo que sucedió a los pocos días del fallecimiento de mi amigo, he llegado a la segunda conclusión: los indios de Ocucaje guardaron celosamente su secreto, hasta el punto de no desvelárselo ni siquiera al doctor Cabrera…
Basilio Uchuya, encarcelado Lamentablemente, esta asombrosa historia de las piedras grabadas de lca terminaría enredándose cuando, al poco de mi primera visita ala casa-museo (1974), entraron en escena los medios de comunicación peruanos. La noticia sobre las once mil piedras terminó trascendiendo y, como era de suponer, surgieron los problemas. Los arqueólogos del país protestaron, acusando a Javier Cabrera de falsear la verdad. ¿Y cuál era la verdad para dichos arqueólogos? Sencillamente, las piedras en cuestión sólo podían obedecer a una falsificación de los indígenas.
Basilio Uchuya, en su casa de Ocucaje, muy cerca de Ica.
Vista aérea de Ocucaje, en pleno desierto.
Y la presión fue tal que algunos de los vecinos de la aldea de Ocucaje fueron detenidos e interrogados por la policía. Entre éstos, Basilio Uchuya, el hombre que había suministrado la mayor parte de las once mil piedras al doctor Cabrera.
Y según me consta, Basilio fue amenazado por los agentes policiales. Y, naturalmente, terminó «confesando»: él, en efecto, era el autor de todas las piedras grabadas que pueden contemplarse en la casa -rnuseo de la plaza de Armas de Ica, y de algunas más. Él y cuatro amigos de Ocucaje…
He conversado con Uchuya sobre estos incidentes y siempre he recibido la misma sensación: el miedo le obligó a confesar algo inviable. Y me explico. ¿Cuánto tiempo habría empleado Basilio Uchuya para grabar esas once mil piedras? Aunque para muchas de ellas -de gran peso y considerable superficie a grabarse habrían precisado, como mínimo, de tres a cinco meses, establezcamos el tiempo medio en una semana por piedra. Basta un sencillo cálculo para comprobar que el bueno de Uchuya habría necesitado doscientos once años, trabajando sin descanso. Incluso, aunque dividiéramos dicho trabajo entre cuatro vecinos, cada uno de ellos habría hipotecado casi cincuenta y tres años para diseñar, grabar y enterrar la parte correspondiente. Cualquiera que se haya paseado por la mísera aldea de Ocucaje, o que disponga de un mínimo de sentido común, comprenderá que Uchuya no puede ser el autor de la totalidad de las piedras grabadas de Ica. Y otro «detalle» no menos interesante: si la elaboración de los altorrelieves en las rocas de mil kilos de peso se prolongaba, como digo, entre tres y cinco meses, ¿por qué los indios las vendían en 1974 a uno, dos y tres dólares? ¿Tres dólares por cinco meses de duro trabajo?
Definitivamente, Basilio Uchuya no pudo ser el hombre que labró esas once mil piedras. Pero la «confesión» bajo amenaza policial hizo el «milagro». Y la sociedad peruana respiró aliviada.
Un testimonio esclarecedor Poco importaron los testimonios precedentes, que confirmaban la existencia de esas piedras grabadas en tumbas precolombinas. El caso de Santiago Agurto Calvo, arquitecto y ex rector de la Universidad de Ingeniería de Lima, me parece de especial interés. El 11 de diciembre de 1966 hacía público un artículo titulado «Las piedras mágicas de Ocucaje». Un artículo que muy pocos conocen y que, obviamente, fue ignorado por los arqueólogos y por la policia que detuvo a Basilio Uchuya. He aquí el texto íntegro. Un testimonio esclarecedor:
Hace aproximadamente cuatro años (1962) comenzaron a aparecer en los alrededores de la Hacienda Ocucaje, en el departamento de Ica, unas extrañas piedras que, según los huaqueros (La palabra «huaquero» hace referencia, en Perú, a quien se dedica a la búsqueda -generalmente de forma ilegal y clandestina- de «huacos», que es la denominación dada a determinar vasijas de cerámica, así como de momias y todo tipo de restos y piezas arqueológicas. (N. del A.)) del lugar, se hallaban en las tumbas de los ricos y abundantes cementerios prehispánicos de lugares tales como Cerro Blanco, La Banda, Paraya, Chiquerillo, Cayango, etc. De acuerdo a la versión más frecuente, las piedras se encontraban en los entierros correspondientes a las culturas Paracas, lca y Tiahuanaco, aunque algunos huaqueros sostenían que también las había en restos Nasca e inclusive Inca. Dichas piedras, aparentemente cantos rodados de variado tamaño y color, presentaban la particularidad de estar labradas -burdamente las unas, primorosamente las otras- representando cosas inidentificables, insectos, peces, aves, felinos, figuras fabulosas y seres humanos, unas veces singularmente y otras mezclados en elaboradas y fantasiosas composiciones.
A fines de 1962 tuve oportunidad de ver esas piedras y de adquirir algunas a los huaqueros de Ocucaje, quienes las vendían a precios que fluctuaban entre los 10 soles para las más chicas y los 120 para las más grandes (alrededor de un dólar).
La sorpresa de encontrar un material arqueológico inédito en la costa peruana, y la extraordinaria belleza de algunas de las piedras, hicieron que me interesara en todo lo concerniente a ellas. Pude reunir así, por boca de los huaqueros, una serie de datos probablemente no siempre verídicos y hasta contradictorios a veces, pero que otorgaban un marco provisional de referencia a la historia de las piedras.
Posteriormente conversé al respecto con estudiosos y coleccionistas, quienes afirmaron que poco o casi nada era lo que se conocía respecto de las piedras, que había unas dudas sobre su autenticidad y que, probablemente, no fuesen sino obra de algunos falsificadores locales de piezas arqueológicas.
Las razones más frecuentes y poderosas que se esgrimían para negar la autenticidad de las piedras labradas eran las siguientes:
a. Que nunca antes de 1962 se encontraron tales piedras, a pesar de que la zona había sido abundantemente excavada.
b. Que los hallazgos habían sido hechos por personas a las que no se les podía dar mayor crédito.
c. Que para labrar las piedras en forma tan nítida y precisa era necesario poseer, dada la dureza propia de la materia, metales y herramientas que no conocieron los antiguos peruanos.
d. Que en algunas piedras había motivos que no correspondían a las culturas locales y que en otras se mezclaban motivos de culturas diferentes.
Las opiniones expuestas no resultaban del todo convincentes, salvo la relativa al tipo de metal necesario para realizar el trabajo, pues, evidentemente, si el labrado de las piedras requería un metal no conocido por los antiguos peruanos, dichos objetos no podían ser prehispánicos.
Para ello, para iniciar una investigación sobre el particular, resultaba lo más conveniente determinar si el grado de dureza de las piedras era tal que su tallado obligase al empleo de un metal desconocido en el antiguo Perú. El resultado, en caso positivo, determinaría definitivamente que las piedras no eran de origen prehispánico, pero en caso contrario abriría la posibilidad de que tal origen fuera el auténtico, lo cual justificaría proseguir la investigación.
Dureza interior de las piedras: 4.5 en la escala de Mohs. El exterior es más blando (3 grados).
Con tal finalidad recurrí a la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Ingeniería, en cuyos laboratorios los ingenieros Fernando de las Casas y César Sotillo llevaron a cabo un estudio que en sus partes esenciaes estableció lo siguiente:
a. Todas las piedras son andesitas fuertemente carbonatizadas, a pesar de que por su coloración y textura externas parecen ser, entre sí, de distinta naturaleza.
b. Las piezas proceden de capas de flujos volcánicos correspondientes a series del mesozoico características de la zona.
c. La acción del intemperismo ha atacado la superficie de las piedras, cambiando los feldespatos en arcilla, debilitando por tanto su grado de dureza y formando una especie de cáscara que rodea la parte interior.
d. La dureza exterior corresponde en promedio al grado 3 de la escala de Mohs, llegando a ser hasta de 4,5 grados en la parte interna no atacada por el intemperismo.
e. Las piedras pueden ser trabajadas prácticamente con cualquier material duro, como huesos, conchas, obsidiana, etc. y, naturalmente, con cualquier instrumento metálico prehispánico.
Por fin, las pruebas que se hicieron con utensilios de hueso y de piedra de las distintas culturas iqueñas demostraron que éstos eran perfectamente capaces de dejar en las piedras las mismas huellas, surcos y trazos que conformaban los grabados.
Como estos resultados permitían suponer el origen prehispánico de las piedras, continué con las investigaciones. No es del caso referir aquí los detalles de tal estudio, pero tal vez sea oportuno informar sobre algunos aspectos de este apasionante asunto:
a. La forma de las piedras es, en general, la de un canto rodado, si bien ellas presentan distintos grados de rodamiento. El tamaño varía desde el muy pequeño de 3 por 2,5 por 1,5 cm hasta el de 40 por 25 por 20 cm en los ejemplares más grandes.
b. Las piedras han sido trabajadas adecuando la decoración a su forma. En algunos casos es muy notable el uso escultórico de la forma básica, la misma que ha sido hábilmente complementada para lograr el efecto deseado.
c. Las figuras que decoran las piedras han sido trabajadas mediante incisiones de fondo acanalado, mediante chaflanes que producen la impresión de falsos relieves, o mediante el procedimiento de rebajar la superficie que rodea a las figuras para lograr un auténtico alto relieve. En algunas piedras se encuentra sólo una de las técnicas en referencia, pero en muchas de ellas es frecuente el uso de dos y aun de los tres sistemas. Las herramientas empleadas parecen haber sido a la manera de buriles y cinceles, y en todos los trabajos se nota que las incisiones y rebajas afectan sólo la «cáscara» intemperizada, lo cual explica la factibilidad del trabajo y la perfección lograda en él.
En algún lugar de la llamada Hacienda Ocucaje se encuentra el gran yacimiento de piedras grabadas.
d. Los temas varían desde la representación de un solo motivo ubicado en una de las caras de la piedra, hasta las más intrincadas composiciones que abarcan toda la forma, sacándole partido a protuberancias y oquedades.
Los motivos son propios de la región, tanto en la flora y la fauna, cuanto en las escenas marinas que representan.
e. De acuerdo a consideraciones estilisticas es posible ordenar las piedras en varios grupos, algunos de los cuales corresponden con bastante claridad a las características de las culturas Paracas, Nasca, Ica y Tiahuanaco. Es posible también establecer seriaciones en función de la forma de las piedras, del sentido del diseño, de los temas tratados y de los motivos empleados, dándose significativas coincidencias entre este tipo de clasificación y el estilística.
La investigación planteada era sumamente interesante y poco a poco se iban obteniendo datos que favorecían la atribución de un origen prehispánico para las piedras; pero, naturalmente, el medio más efectivo de despejar las dudas consistía en comprobar fehacientemente su presencia en restos arqueológicos.
Fue así como, después de haber visitado repetidas veces la zona de Ocucaje, recogido abundante información al respecto, conocido gran parte de las colecciones de piedras existentes y efectuado los estudios preparatorios necesarios, juzgué llegado el momento de realizar trabajos de campo.
Cerros de Ocucaje. En 1962 aparecieron las primeras piedras grabadas.
Después de varios y frustrados intentos, el 20 de agosto del presente año (1966) tuve la suerte de hallar una piedra labrada, en una tumba del cementerio prehispánico del sector llamado Tornaluz, en la Hacienda Cayango del departamento de lca.
El cementerio, situado en una zona arqueológica profusamente excavada desde hace tiempo, había sido recientemente descubierto y parece ser un pequeño sector de un gran complejo necrológico. La tumba en referencia se encuentra en la parte superior, orientada norte-sur según su eje longitudinal. Al excavar la tumba se encontraron, tal y como indica el croquis, restos humanos, cerámicas y, dentro de uno de éstos, una piedra labrada.
Los ceramios hallados tienen la forma, colores y decoración característicos de la llamada cultura Huari-Tiahuanaco que se da en el departamento de lca, por lo que el origen de las piezas no ofrece lugar a dudas y se puede estimar su edad, aproximadamente entre seiscientos y novecientos años.
Corte esquemático de una tumba prehispánica con una piedra grabada, según el dibujo del doctor Pezzia. Edad estimada: entre mil quinientos y dos mil trescientos años.
En la imagen, pequeña piedra grabada hallada en una tumba de Ocucaje. Antigüedad, entre seiscientos y novecientos años.
La piedra es un pequeño canto rodado achatado, de 5,5 x 4 x 2 cm, de color pardo y textura algo rugosa. En una de sus caras representa un pájaro llevando un choclo y con las alas tendidas en pleno vuelo. El labrado se ha llevado a cabo mediante incisiones y rebajas achaflanados que producen la impresión de alto relieve. El diseño es fuerte y seguro, hermosamente trazado y hace un buen uso de la superficie de la piedra.
Informados del hecho, el director del museo de lca, señor Adolfo Bermúdez, y el conservador del mismo, el arqueólogo Alejandro Pezzia, se interesaron vivamente en él, confirmaron la clasificación de los restos encontrados y acordaron conmigo la forma y oportunidad más conveniente de dar a conocer el hallazgo.
EI 10 de setiembre, en compañía del doctor Pezzia, trabajamos todo el día en el cementerio de Tomaluz; pero, a pesar de haber encontrado abundante material arqueológico tianuanaco, no hallamos ninguna piedra labrada.
Al día siguiente nos dirigimos al sector la Banda, en la Hacienda de Ocucaje, y escogimos como sitio de trabajo el cementerio llamado Max Uhle. Allí, luego de descubrir varias tumbas, encontramos en una de ellas, cuya excavación presenciaba con el doctor Pezzia, otra piedra grabada.
En 1968 fueron catalogadas mil quinientas piedras grabadas y lo hicieron los propios arqueólogos. De esto, nadie habla…
La tumba, ubicada en la parte inferior del cementerio, a juzgar por las evidencias que se hallaron en ella, corresponde a la cultura Paracas que se da en Ocucaje.
En cuanto a la piedra mágica, es un canto rodado de forma achatada y textura semirrugosa. En una de sus caras tiene representada una figura estrellada casi simétrica que bien podría ser la estilización de una flor. El labrado consiste, probablemente, en un burilado que dibuja la forma a base de incisiones de distinto grosor y profundidad.
El diseño es elegante y preciso, con refinamiento en ciertos detalles y un buen uso de la cara superior de la piedra. De acuerdo con las evidencias que se encontraron junto con ella, la piedra corresponde al Paracas-Cavernas de Ocucaje y su edad puede estimarse entre mil quinientos y dos mil trescientos años.
Con este hallazgo, en presencia de un destacado arqueólogo como el doctor Pezzia, se cierra un capítulo en la historia de las piedras mágicas de Ocucaje y se abren otros más promisorios e interesantes.
A la interrogante básica -concluye el artículo Santiago Agurto-: ¿serán falsas, serán auténticas?, que me ha cabido la suerte de despejar, suceden otras preguntas tan apasionantes como la primera pero más difíciles de contestar. Estoy seguro de que los arqueólogos y estudiosos del país le darán una pronta y segura respuesta que satisfará nuestra curiosidad y enriquecerá la historia y cultura del Perú.
Plaza de Armas de Ica. Actual emplazamiento de la casa-museo del doctor Cabrera Darquea.
Más de quince mil piedras grabadas Santiago Agurto, obviamente, se equivocó. A pesar de su buena voluntad y de la trascendencia de sus hallazgos, las piedras mágicas de Ocucaje -como él las bautizó- no se vieron libres de la duda. Todo lo contrario. Y a partir de 1975, como decía, la arqueología oficial peruana arremetió contra los indios de Ocucaje, ignorando lo que había sucedido en los años sesenta. El propio Alejandro Pezzia Assereto, arqueólogo y conservador del Museo Regional de Ica, confirmó en 1968 lo anteriormente apuntado por el ex rector de la Universidad de Ingeniería de Lima. En el tomo 1 del trabajo titulado lca y el Perú precolombino, Pezzia informa del descubrimiento de estas piedras labradas y asegura que el citado museo de Ica dispone de más de ochenta ejemplares. Más de ochenta piedras grabadas que fueron repartidas en nueve grupos, según el laboratorio del museo.
«Piedras -dice Pezzia- exornadas con motivos antropomorfos, consistentes de caras humanas y otras con mayor complicación; ejemplares decorados con diseños ictiomorfos, otras piedras con motivos de serpientes en la técnica realista. Los otros especímenes corresponden a las representaciones de lagartos convencionales, sapos, cuadrúpedos, loros, insectos y figuras múltiples. Muchos de los diseños encajan por sus grandes analogías con los estilos de la cultura Paracas, Nasca, Tiahuanaco e Ica, en especial los motivos de peces, serpientes, loros e insectos.»
Y Pezzia menciona cinco colecciones particulares de piedras grabadas -todas extraídas del desierto de Ocucaje-, entre las que destaca la del doctor Cabrera, con más de mil quinientos ejemplares. Corría el año 1968.
El doctor Cabrera consiguió reunir once mil piedras grabadas. El censo total es muy superior.
Sumando las piedras existentes, tanto en museos como en colecciones privadas, no es difícil deducir que el número total de las mismas supera con creces las once mil que pueden contemplarse en la casa – museo del fallecido Javier Cabrera Darquea. En cierta ocasión, Basilio Uchuya me habló de un tal Rizzi, un millonario que había comprado mil quinientas piedras grabadas y las había trasladado a Estados Unidos con el fin de levantar una casa. Según Basilio, él mismo se las proporcionó…
Todo esto me lleva a pensar que han podido ser más de quince mil las piedras labradas que han pasado por las manos de los huaqueros iqueños…
Segunda ratificación de los arqueólogos En 1969, la arqueología oficial volvía a ratificar lo señalado por Santiago Agurto tres años antes. Esta vez fue el citado Pezzia quien llevó a cabo los descubrimientos de nuevas piedras grabadas. Así figura en la Guía del mapa arqueológico-pictográfico del departamento de lca, publicado, como digo, en 1969. En dicho texto se describe cómo, el 26 de octubre de 1966, el propio arqueólogo y conservador del museo de Ica encuentra una tercera piedra labrada en una tumba del cementerio San Evaristo, en la Hacienda Tomaluz (región de Cayango, en Ica).
Desierto de Ocucaje. Según los cálculos de J.J. Benítez han sido desenterradas más de quince mil piedras grabadas.
La tumba -dice Pezzia- estaba formada por una fosa circular de 1,20 metros de profundidad. A los 50 cm de la superficie se ubicó la cabeza y los restos de una momia correspondiente a un niño, de aproximadamente, siete años, mirando hacia el sur, con los restos humanos destruidos por el proceso de la carbonización, a exclusión del maxilar inferior y algunos huesos pequeños. Por la observación se constató la posición sentada de la momia.
En la sección anterior de la momia y a nivel de la región pectoral, en dirección este-oeste, se descubrieron los siguientes documentos:
El primer testimonio arqueológico correspondió a una piedra o canto rodado de tipo andesita fuertemente carbonizada, de forma elíptica y chata, encontrándose decorada mediante el grabado inciso. La piedra es de color negro con manchas marrones, con 65 milímetros de largo, 45 de ancho y 20 de grosor, hallándose la cara inferior no decorada, presentando la superficie ondulada. El espécimen fue encontrado en posición horizontal con la cara grabada hacia arriba y cerca de la altura de los hombros de la momia.
La decoración corresponde a un «pescado» en técnica realista, de cuerpo alargado, cabeza grande, boca y ojos medianos, una gran aleta dorsal, dos pequeñas ventrales y una branquial. La cola es robusta y termina en una aleta caudal simétrica. Todas las aletas se encuentran decoradas por líneas cruzadas. El diseño ocupa casi toda la superficie de la piedra y está trazado sobre el diámetro perpendicular de la misma.
El arqueólogo doctor Pezzia descubrió una piedra grabada junto a una momia, en Ica.
El vestigio se comporta como un nuevo elemento cultural de la prehistoria regional, constatado con asociación arqueológica. Indudablemente estas piedras grabadas han debido de cumplir una función importante dentro de las creencias de las remotas poblaciones del valle de lca, a juzgar por su apreciable simbolismo. Actualmente estos testimonios se están investigando en toda su amplitud para lograr conclusiones precisas…
Y el prestigioso arqueólogo peruano concluye su informe con las siguientes y demoledoras palabras: «La tumba en referencia ha servido para comprobar la autenticidad de las piedras grabadas durante los tiempos del Horizonte Medio en el valle de Ica.»
Se puede decir más alto, pero no más claro: para los arqueólogos -durante los años sesenta-, las piedras grabadas de Ica eran auténticas. Ellos mismos las habían descubierto en el fondo de tumbas prehispánicas. Pero, entonces, ¿qué ocurrió? ¿Por qué terminaron por ser rechazadas por la ciencia ortodoxa? Sólo cabe una explicación: las piedras de Ica quizá hubieran prosperado de no haber aparecido en ellas el «hombre gliptolítico»…, conviviendo con dinosaurios…
Esto, para los arqueólogos, era y es aberrante. El hombre -nuestra humanidad-, como ya mencioné, sólo tiene un millón escaso de años. Nuestra humanidad no pudo convivir con los citados animales antediluvianos. En consecuencia: las piedras grabadas de Ica son una falsificación…
Éste, lamentablemente, fue el «argumento» que trató de arrinconar y arruinar el gran enigma de Ica, Y la sombra de la duda planeó sobre Uchuya y el doctor Cabrera.
¿Eran unos farsantes?
Hacienda Cayango (Ica). En 1966 fue encontrada la primera piedra grabada.
Lo que la arqueología «olvidó»
• 20 de agosto (1966): el arquitecto Santiago Agurto encuentra una piedra grabada en una tumba prehispánica en la Hacienda Cayano (lca). En una de las caras presenta un pájaro con las alas extendidas. Antigüedad de la tumba: entre seiscientos y novecientos años.
• 11 de septiembre (1966): cementerio de Max Uhle (lca). Agurto y el arqueólogo Alejandro Pezzia descubren una segunda piedra labrada. En una de las caras aparece una figura en forma de estrella. Antigüedad de la tumba: entre mil quinientos y dos mil trescientos años.
• 26 de octubre (1966): Pezzia desentierra una tercera piedra grabada en el cementerio de San Evaristo (Tomaluz, lca). La grabación representa un «pescado». Antigüedad de la tumba: alrededor de mil años.
• Octubre (?) (1966): Alejandro Pezzia encuentra una cuarta piedra grabada a cincuenta metros de la anterior, en una tumba cilíndrico-cónica de 1,60 metros de profundidad, en un terreno arenoso de poca humedad. Junto a los restos de dos momias (una de veinticinco años y otra de ocho) descubre una piedra grabada, tipo andesita, de color negro, forma elíptica y casi plana, con 66 milímetros de diámetro mayor, 45 de diámetro menor y 16 mm de grosor. Aparece grabada por una de sus caras, con la técnica de incisión. En el trazado se percibe una llama en un diseño realista. Dicha grabación abarca toda la superficie de la piedra, con una cabeza grande, orejas pequeñas, ojo elíptico, hocico rectangular y cuello corto. Antigüedad de la tumba: novecientos años.
Los primeros análisis Nada de esto sirvió a la hora de evaluar seriamente esos miles de piedras grabadas. El simple hecho de plantear, como mera hipótesis, que nuestra humanidad no hubiera sido la única aterrorizó a los especialistas y la «biblioteca» de piedra fue condenada.
Tampoco sirvió de mucho que Javier Cabrera hiciera públicos los primeros análisis científicos sobre la posible antigüedad de las incisiones y altorrelieves. Los arqueólogos «serios y oficiales» de Perú no los tuvieron en cuenta. Es más: ni siquiera los leyeron…
Éste fue uno de los permanentes lamentos del doctor Cabrera: «Ni siquiera se molestan en visitar mi museo y examinar las piedras…»
¿Y qué decían aquellos iniciales análisis científicos?
El primero del que tuve conocimiento procedía de la compañía minera Hochschild y aparece fechado en junio de 1967. El documento lo firma Erich Wolf y, en síntesis, dice así:
… Se trata indudablemente de piedra natural y redondeada por transporte fluvial (cantos rodados).
Petrológicamente las clasificaría como milonitas (o mylonitas) andesíticas. Las milonitas son rocas cuyos componentes han sido afectados mecánicamente a causa de altas presiones con simultánea transformación química. En nuestro caso quedan patentes los efectos de una intensa sericitación (transformación del feldespato en sericita). Este proceso ha incrementado la compacidad y el peso específico, creando por otra parte la suavidad que los antiguos artistas sabían apreciar en la ejecución de sus obras… Por lo demás cabe mencionar que las piedras están envueltas por una fina pátina de oxidación natural que cubre por igual las incisiones de los grabados, circunstancia que permite deducir su antigüedad.
No he podido observar ningún desgaste notable o irregular en las aristas de las incisiones, por lo que cabe la suposición de que han sido realizadas no mucho antes de depositar los ejemplares en las necrópolis o lugares donde ahora son encontrados…
Pátina de envejecimiento: la clave Pero Javier Cabrera no se rinde y envía un segundo lote de piedras grabadas al referido Departamento de Minas de la empresa Hochschild, en la capital peruana. El 22 de julio de ese año (1967), Erich Wolf responde a Cabrera con estas palabras:
…He vuelto a examinar las piedras del segundo lote y, francamente, no he encontrado nada que permita suponer que el tallado fuera trabajo reciente. En el caso de que a apariencia engañase, los artífices «envejecerían» artificialmente la superficie después de grabarla, tal vez por medio de un proceso de calentamiento. Pero realmente no lo parece. Todavía no sé si me será posible encontrar la manera de determinar la edad de esta pátina de oxidación que cubre toda a piedra, incluyendo los trazados de dibujo.
En plan de consulta he mandado ejemplares de su último lote a personas entendidas en la materia y estoy esperando contestación. Naturalmente pasará algún tiempo.
Ciencia es paciencia…
A mi entender, la única pista para mediciones directas es la pátina de «envejecimiento» o alteración superficial…
Estudios en Alemania Seis meses más de (22 de enero de 1968), Javier Cabrera vuelve a recibir noticias sobre las piedras grabadas. La carta de Wolf al Hospital Obrero de Ica dice así:
Estimado doctor:
Finalmente puedo volver con algún motivo sobre el asunto de los petroglifos.
Como recordará, mandé para su examen algunos ejemplares a la Argentina, otros a España (aún no tengo noticias) y también varios a la Universidad de Bonn, en Alemania.
De allí me informan de que las piezas han sido examinadas por el profesor Dr. Frechen y sus asistentes en el laboratorio de Petrología de la universidad. Confirman que se trata de una andesita. Todavía precisan que los grabados han sido realizados por frotación con mica blanca. Sin embargo, la medición de la edad de la película de oxidación no resultó posible, por encontrarse demasiado delgada.
Si la determinación directa no resulta practicable, debería considerarse con más atención 105 métodos indirectos o comparativos que ofrece la estratigrafía o la paleontología.
Habría que comenzar con un estudio exhaustivo del yacimiento o lugar del hallazgo para ver si se encuentra material contemporáneo cuya edad podría medirse (estratos primarios de cenizas volcánicas, restos orgánicos, restos de utensilios o cerámica, etc.) para llegar por comparación a algún resultado…
«No son recientes» y el 28 de enero de 1969, el amigo Wolf pone en contacto a Cabrera con el profesor Trimborn, de la referida universidad alemana de Bonn. Trimborn, una de las grandes autoridades mundiales del momento en cultura y etnología indígena del Perú y Bolivia, analiza tres piedras grabadas de Ica y emite el siguiente juicio:
…No se puede determinar la edad del surco, ni la Era en que se rellenó el grabado. (Estas incisiones se encuentran siempre rellenas de tierra.) Ni creemos que haya nadie en el mundo que pueda atestiguar con exactitud la antigüedad exacta de estas grabaciones. La oxidación, efectivamente, cubre la totalidad de la piedra. Sin embargo, repetimos, no se puede determinar su antigüedad. Sin embargo, los grabados o incisiones NO SON RECIENTES.
Nada de esto, como decía, fue contemplado por la casta arqueológica del Perú. Y uno se pregunta: si el doctor Cabrera hubiera sido un farsante, ¿por qué tanto empeño en analizar las piedras grabadas? El médico iqueño sabía que, de ser un fraude, tarde o temprano sería descubierto. Insisto: ¿por qué enviar ejemplares a las universidades?
Y, curiosamente, desde el principio, los laboratorios coinciden: «Una pátina o capa de oxidación natural cubre por entero las rocas (tanto en las partes no grabadas como en las incísiones).» En otras palabras: esa oxidación en los surcos reflejaba una considerable antigüedad.
Cabrera, sin embargo, como ya apunté, hizo caso omiso de las recomendaciones de los científicos que examinaron la «biblioteca» de piedra. No aceptó desvelar el yacimiento o los lugares de los que, supuestamente, se extraían las piedras. Y eso, en mi opinión, fue decisivo.
Así, Uchuya y la gente de Ocucaje fueron finalmente acusados de falsificadores. Según arqueólogos y periodistas, los vecinos de la citada aldea tomaban cantos rodados de los cerros próximos y procedían al grabado de los mismos. Y las piedras eran «comercializadas»…
Tenían razón, en parte.
Piedras falsas y auténticas Yo mismo he sido testigo, y así pude fotografiarlo, de cómo Basilio Uchuya, Irma Gutiérrez y otros vecinos de Ocucaje, graban un buen número de piedras, merced a sierras, punzones o cualquier tipo de instrumento cortante.
Primero los dibujan sobre los cantos rodados. Después los graban y, posteriormente, según los casos, proceden a «envejecerlos» artificialmente, bien con el uso del fuego o del enterramiento.
Pero esta realidad -provocada o no por los arrestos policiales de la década de los años setenta- no resuelve la incógnita, tal y como pretendieron los «sumos sacerdotes» de la arqueología peruana. Y no aclara el problema por varias razones:
1. Porque no despeja la incógnita de las piedras grabadas que han sido encontradas en las tumbas prehispánicas.
2. Porque los análisis efectuados en los años sesenta detectaban ya una pátina u oxidación natural que indicaba una considerable antigüedad de las incisiones. En ninguno de esos estudios de las universidades se observó señal alguna de «envejecimiento» artificial provocado por los artistas.
3. Porque no tiene sentido que alguien trabaje una piedra de mil kilos durante varios meses para después venderla por tres dólares, suponiendo que exista un comprador que pueda transportar semejante mole.
4. Porque Uchuya y sus vecinos son analfabetos. ¿Cómo expresar tal cúmulo de conocimientos si no saben qué es un trasplante o el ciclo biológico de un estegosaurio?
5. Porque el estudio comparativo de las piedras falsas y auténticas resulta siempre elocuente. Las primeras son burdas, con grabaciones toscas, imperfectas e infantiles. Las auténticas, en cambio, son de una extraordinaria belleza y precisión.
6. Porque, como ya señalé en su momento, para la grabación de esas once mil piedras existentes en la casa-museo de Ica, Basilio y su gente hubieran precisado decenas de años, trabajando, además, de sol a sol y sin respiro. Suponiendo, claro está, que «sólo» sean once mil…
La gran sorpresa Y el Destino -siempre atento- me salió de nuevo al encuentro. Fueron necesarios veintiocho años. Veintiocho años de paciente espera…
Recuerdo que, tras confirmar la noticia del fallecimiento de mi amigo el doctor Cabrera Darquea, sentí el impulso de llamar de nuevo a las puertas de la humilde choza de Basilio Uchuya, en la cercana aldea de Ocucaje. No sé muy bien por qué lo hice. Muerto Javier, ¿qué podía importarme el indio Uchuya? En apariencia, el enigma de las piedras de Ica se presentaba tan muerto como su gran defensor.
Pero no. Durante todos esos años tuve la satisfacción de disfrutar igualmente de la amistad de Basilio. E imaginé que la reciente muerte de Javier Cabrera le habría afectado. No me equivoqué.
Y aquel martes, 15 de enero del año 2002, me presenté en su hogar. Y surgió la sorpresa…
Durante un tiempo recordamos la figura del médico iqueño. Después, enzarzados por enésima vez en el misterio de las piedras grabadas, sugerí «algo» que no pasó desapercibido para Uchuya. Las circunstancias habían cambiado. Una vez muerto Cabrera, ¿por qué no revelar el lugar del que se extraían?
Basilio guardó silencio. Y aquella larga y extraña pausa me desconcertó. ¿Es que existía en verdad el yacimiento?
Y noté cómo el indio luchaba en su interior: Javier Cabrera estaba muerto. Ya nada era igual…
Fue el momento oportuno. Le garanticé un salario, en compensación por el posible tiempo perdido, y Uchuya, tras un tímido regateo, acepto: «Está bien -sentenció-. Tú serás el primero en verlo…»
EXCLUSIVA
Aquel histórico miércoles No podía dar crédito a lo que estaba pasando…
Basilio Uchuya había aceptado llevarme al yacimiento. Mejor dicho: hasta uno de los lugares donde, supuestamente, se desenterraban las célebres piedras grabadas. No, no podía creerlo. Después de veintiocho años…
¿Penetrar en el desierto y extraer las piedras grabadas?
Una operación así -de ser cierta- podría despejar, de una vez por todas, el oscuro enigma de la «biblioteca» lítica. Y digo bien: «de ser cierta…»
Uchuya señaló el lugar y los muchachos iniciaron la excavación en la pronunciada pendiente del cerro.
Miré el reloj. Eran casi las 21 horas. Y decidí resistir «un poco más» en la casa de Uchuya.
El trato fue muy claro: al día siguiente, miércoles, 16 de enero, a primera hora de la mañana, regresaría a Ocucaje y Basilio me conduciría hasta uno de los cerros donde -según él- podría desenterrar las piedras. A cambio, él recibiría doscientos dólares y una botella de pisco.
Según los indios, las piedras grabadas han sido extraídas en el desierto de Ocucaje, un lugar desolado.
Pero, de inmediato, al cerrar el compromiso, me vino a la mente una poco tranquilizadora posibilidad: ¿estaba ante una trampa?
¿Qué garantías tenía de la sinceridad del indio? En realidad, ninguna. En cuanto me despidiera, Basilio podía salir de Ocucaje y enterrar algunas de las piedras grabadas en un cerro próximo. Y, como digo, traté de prolongar mi estancia en la choza. Cuanto menos tiempo de maniobra le concediera a Uchuya, más limpia será la operación del día siguiente.
Y aquel histórico 16 de enero, a las 8 horas, Uchuya nos condujo entre los resecos cerros del desierto de Ocucaje. No se alejó mucho de la aldea. Trepamos hasta lo alto de una de las pequeñas colinas y esperamos. Basilio observó los alrededores y dio la orden de proseguir. Con él caminaban tres muchachos jóvenes, provistos de las correspondientes palas. Finalmente se detuvo de nuevo.
Primera piedra Basilio examinó la ladera. Y al poco, marcando una amplia zona con la mano, animó a su gente para que iniciara la excavación. En ese momento intervine y detuve la acción de los indios. Tenía que asegurarme en la medida de lo posible. Y así lo hice. Me aproximé al terreno señalado por Uchuya y le solicité a Iván, mi hijo, que fotografiara la fuerte pendiente. Por mi parte me centré en la naturaleza y disposición de la ladera. Parecía un terreno bien apelmazado, sin huella alguna de excavaciones recientes.
Y al cabo de algunos minutos, satisfecha mi curiosidad, autoricé a Basilio para que iniciaran el trabajo.
Lo ideal habría sido contar con la presencia de geólogos y arqueólogos que, obviamente, levantaran acta de lo acaecido en aquella calurosa mañana. Pero el «sí» de Basilio fue tan súbito que, francamente, no tuve margen de maniobra. De todas formas, allí estaban las cámaras de «Planeta encantado» como un improvisado e implacable «notario»…
A simple vista, insisto, la tierra y los guijarros que daban forma a la acusada pendiente aparecían compactos y sin huella de manipulación previa. Si Uchuya hubiera enterrado las piedras grabadas horas antes, lo lógico es que la ladera presentase otro aspecto.
Y nervioso, esperé…
Cuarenta y cinco minutos más tarde el corazón me dio un vuelco. Omar, uno de los muchachos de Ocucaje, detuvo la pala y señaló un punto entre la polvareda. Todos corrimos hacia la zona. Todos menos Basilio. Me incliné sobre el terreno y, en efecto, descubrí una pequeña piedra grabada, semienterrada. Ante mi asombro, todo parecía correcto. La tierra se hallaba seca, sin señal alguna de excavación previa. Y despacio, muy lentamente, cepillo en mano, procedí a extraerla.
Histórico día. Por primera vez, las cámaras daban fe de la extracción de piedras grabadas en Ocucaje.
¡No podía creerlo! Aquello, efectivamente, era una piedra grabada … Pero, entonces…
Miré a Uchuya. El indio seguía en el mismo lugar. Y se limitó a sonreír. Nunca supe si aquella sonrisa escondía una doble intención…
Nueve piedras grabadas Minutos después, reanudados los trabajos de excavación, otro de los indios dio la voz de alarma. iSegunda piedra grabada!
Procedí al mismo y minucioso sistema de análisis, limpieza y extracción de la roca. Aquélla, como la anterior, llevaba mucho tiempo en el cerro. Pero ¿cuánto?
A cada palada, la fuerte inclinación hacía que los cantos rodados y la tierra se precipitaran hacia la base del cerro, lo cual dificultaba la localización de los ejemplares grabados. En buena lógica, si alguien hubiera tratado de enterrar previamente aquellas piedras, la referida inclinación de la ladera -superior a un 40 por ciento- habría obstaculizado seriamente el trabajo. Es más: dudo que el autor del supuesto fraude hubiera sido capaz de sepultar un solo ejemplar.
Tensa emoción al descubrir una nueva piedra grabada. Casi todas aparecían a escasa profundidad.
¿Cuántas piedras grabadas se perdieron ladera abajo en aquella increíble mañana? Nunca lo sabré…
La cuestión es que, en poco más de hora y media, Uchuya y su gente sacaron a la luz un total de nueve piedras grabadas. Es decir, a razón de una cada diez minutos. Dos de ellas, de gran peso y considerables dimensiones. Y todas -no me cansaré de insistir- en un terreno virgen, sin huellas de manipulación previa.
La experiencia fue desconcertante. ¿Significaba esto que Basilio Uchuya decía la verdad? ¿Debía tomar el hallazgo de estas piedras labradas como la confirmación de las teorías del doctor Javier Cabrera?
Sinceramente, después de estas extracciones, mi confusión en torno a las piedras mágicas de Ica aumentó considerablemente.
¿Pudo enterrarlas Uchuya, o cualquiera de los vecinos de Ocucaje, meses o años antes? ¿Pertenecían a una cultura prehispánica? Todas las posibilidades estaban sobre la mesa…
Al cepillar la piedra surgen los grabados. El terreno se encuentra apelmazado. sin rastro alguno de haber sido manipulado.
Y me aferré a una idea: analizar los ejemplares desenterrados en mi presencia. Quizá así pudiera salir de la duda.
Y todos ellos fueron cuidadosamente embalados y trasladados a España.
Los primeros resultados A finales del año 2002, mientras escribo estas líneas, los ansiados análisis no han concluido. Siete de las nueve piedras grabadas que fueron desenterradas en Ocucaje se encuentran actualmente en manos de cuatro equipos de otras tantas universidades españolas. Otro de los ejemplares fue remitido a Canadá.
Pues bien, hasta el día de hoy, los resultados que han llegado a mi poder no terminan de clarificar el misterio. Quizá el profesor Trimborn llevaba razón cuando aseguraba a Javier Cabrera que no existe científico que pueda atestiguar con precisión la exacta antigüedad de las incisiones… Yo, por mi parte, sigo confiando en la ciencia. De lo contrario no me habría molestado en depositar dichas piedras grabadas en los referidos laboratorios (para conocer con más detalle los primeros resultados de los análisis practicados debemos remitirnos al primer informe de la Universidad de Cádiz, un estudio que no ha concluido y que se recoge en el anexo I).
Betún, ¿pero de qué época? De momento, como indica este primer análisis, los resultados no son definitivos. Algunas grabaciones parecen modernas, y otras -según los científicos-, antiguas. Y el Departamento de Química Física añade que la pátina oscura que cubre las piedras es una materia orgánica (betún o asfalto). ¿Qué significaba esto? Sólo caben dos posibles explicaciones:
1. Que la sustancia bituminosa que aparece en las piedras haya sido proporcionada en la actualidad. En otras palabras: un «envejecimiento» artificial. Algo que -me consta- también practican los indios de Ocucaje. En este caso, las piedras analizadas por la Universidad de Cádiz serían más falsas que Judas.
2. Que el citado asfalto proceda de otras épocas. ¿Quizá de tiempos prehispánicos? Los incas, por ejemplo, lo utilizaban. En este supuesto, las referidas piedras labradas serían «auténticas». Es decir, grabadas en el pasado.
¿Cómo salir de dudas? Sencillamente, esperando a que los científicos analicen dicho betún.
El sospechoso «informe» canadiense Respecto a los estudios de la Universidad de Winnipeg, en Canadá, yo no me atrevería a calificarlos de tales. Y me explico.
El 10 de mayo del año 2002, Persis B. Clarkson, del Departamento de Antropología de la citada universidad, me enviaba el siguiente correo electrónico:
Ayer recibí por correo la piedra de lca. La he estudiado con otro colega y mi conclusión es que la piedra es moderna por las siguientes razones:
1. La piedra parece haber sido pintada o pulida con una sustancia negra; ésta se borra, viéndose la piedra marrón natural que hay debajo.
2. El grabado muestra que se ha utilizado una herramienta metálica.
3. El material amarillo en las líneas grabadas no parece que sea tierra.
4. El estilo representado no es como las representaciones que yo conozco. Tiene muchas, muchas similitudes con el grupo de piedras grabadas conocidas en la zona de lca. Éstas se publican en un libro titulado El mensaje de las piedras grabadas de lca, publicado por Javier Cabrera Darquea en 1976. Estas piedras, miles, contienen imágenes de dinosaurios y de gente, entre otras cosas.
Un informe dice que la pátina se conseguía enterrando las piedras durante un tiempo en un estiércol de pollo. El estilo, la pátina y la técnica no es diferente de las diversas piedras que compré en Nasca hace diez años.
Recuerdo que me dijiste que la piedra (que me has enviado) se desenterró después de estar buscando durante una hora. No sé cómo relacionar mi conclusión con tu experiencia.
Creo que me habías dicho que la gente del lugar te llevó a la zona y que las fotos que me mandó mostraban una ladera empinada. Aunque no es imposible, la mayoría de los geoglifos (si no todos) de esa zona proceden de superficies inclinadas suavemente o llanas.
¿Hay otro tipo de materiales u objetos que aparecieran junto a la roca? ¿Es ésta la única que encontró?
Atentamente,
Persis B. Clarkson
¡Increíble!
Si la piedra grabada llegó a manos de Persis el 9 de mayo, ¿cómo pudo obtener semejantes conclusiones en cuestión de horas? Cuando le rogué que me enviara el correspondiente informe científico, Persis B. Clarkson se negó. Obviamente, sus deducciones son muy respetables, pero no se ajustan a un procedimiento serio y riguroso. Por cierto, no hay forma de que me devuelva la piedra grabada que le envié. Y eso que, según ella, es falsa…
Nasca: sólo para tus ojos
Alguien falsea la verdad
El «colibrí», situado a 452 metros sobre el nivel del mar. Casi 110 metros de longitud.
Ésa no fue la única decepción con la representante de la Universidad de Canadá. Un año antes -en mayo de 2001-, mientras estudiaba ese otro formidable misterio -Ias líneas y figuras de la pampa de Nasca, al sur del Perú-, el piloto que me guiaba habló también de Persis B. Clarkson. En síntesis, éstas fueron las palabras de Eduardo Herrán, con seguridad, el hombre que mejor conoce las figuras de Nasca, al menos desde el aire: «…Fue hacia 1994. Yo, personalmente, la trasladé de un lado a otro de la pampa. Persis tomó muestras de los geoglifos y se los llevó a la universidad. Después me confirmó que la antigüedad de algunas de estas figuras -el «ET», el «cóndor-chavín» y las llamas Tarucas- es mucho mayor de lo que se dice…»
Eduardo Herrán no dudó. Según Clarkson, las piedras que sirvieron para confeccionar las mencionadas figuras fueron removidas hace ocho mil años.
Materia orgánica «encarcelada» La técnica utilizada para esta clase de datación -conocida como «espectrómetro de aceleración de masas» (AMS)- consiste, en palabras sencillas, en «atrapar» la materia orgánica que pudiera haber quedado «encarcelada» bajo la capa natural de oxidación. Cualquier microorganismo, restos de líquenes, pólenes, etc., son sometidos entonces al C14, estableciendo la antigüedad (sistema de datación absoluta). Para la citada operación son suficientes unos miligramos de materia orgánica.
Pues bien, al estudiar las piedras de la pampa nasqueña -entre catorce y dieciséis, según Herrán-, los resultados fueron determinantes: alrededor de ocho mil años…
Al regresar a España me dirigí a la referida Universidad de Winnipeg, preguntando directamente a Persis. Su respuesta fue la siguiente:
Hemos fechado los geoglifos de Nazca entre quinientos años antes de Cristo y mil después de Cristo, más o menos. Avíseme si necesita más información…
El correo electrónico tiene fecha de 17 de mayo (2001). Alguien, evidentemente, estaba falseando la verdad…
Otro irritante enigma Pero regresemos a lo fundamental. Me hallaba, en efecto, ante uno de los fascinantes misterios del Perú: las célebres «pistas», líneas y figuras de la pampa de Nasca, a cuatrocientos kilómetros de Lima. Un tablero maldito que he visitado en numerosas oportunidades y para el que, sinceramente, no encuentro una explicación satisfactoria.
Fue en 1974 y 1975 cuando sobrevolé la zona y caminé perplejo entre calcinados guijarros de la pampa. Y fue entonces cuando intuí que estas gigantescas imágenes podían guardar algún tipo de relación con los ya familiares «hombres alados». Estas figuras han sido trazadas para ser vistas desde el aire. Eso es evidente, al menos para los que conservamos un mínimo de sentido común. Y me pregunto: ¿por qué? ¿Estamos, quizá, ante el homenaje o el reclamo de los antiguos peruanos a seres que tenían la capacidad de volar?
Nasca: «lugar de nacimiento»
• Nasca tiene un nombre indígena, hoy casi olvidado: «Jumana». En idioma cauqui significa «lugar de nacimiento o de procreación». Los cientos de figuras y líneas aparecen dibujados en más de trescientos kilómetros cuadrados, estratégicamente concentrados en las cuencas y pampas de Jumana, Santa Cruz, Río Grande, Palpa, Ingenio y Nasca. Los grupos de líneas más destacados se encuentran al norte del río Ingenio. En total, hasta hoy, han sido contabilizados más de mil trescientos kilómetros de líneas. (Cada día se descubren nuevas líneas).
• Los dibujos o figuras más notables (alrededor de treinta) están concentrados entre los kilómetros 419 y 439 de la carretera Panamericana. Dimensiones de las imágenes más famosas: araña (46 metros), fragata o cóndor (135 m), colibrí (110 m), mono (90 m), perro (50 m), astronauta (30 m), ballena (62 m), garza o flamenco rosa, con cuello de serpiente (280 m).
• Han sido localizadas trescientas imágenes geométricas, conocidas como plazoletas, triángulos y trapezoides. Alcanzan 400 metros de longitud por 39 de anchura.
• Las técnicas modernas han permitido establecer en un dos por mil el índice de error en el trazado de dichas líneas. En otras palabras: la desviación de esas kilométricas líneas es inferior a dos metros por kilómetro. Cuando alguien camina por la pampa no termina de distinguir las figuras. Sólo desde el aire, o desde una torre de observación, se aprecian en toda su magnitud.
• La pampa constituye una gigantesca planicie, cubierta por guijarros de reducidas dimensiones y, en general, de color rojizo.
• Las líneas y figuras han sido trazadas siguiendo dos métodos: apartando los guijarros o acumulando piedras de forma que dibujen una imagen. Al rayar la rojiza superficie del desierto -rico en hierro-, aparece de inmediato una blanca capa de sílice. Y el contraste de colores da vida a los formidables geoglifos.
Desierto peruano de Nasca: rojo en la superficie y blanco bajo el hierro.
• La datación o antigüedad se ha basado principalmente en lo que los arqueólogos llaman «datación indirecta». Es decir, fijar la antigüedad por los restos de cerámica, madera, huesos, etc., que han sido hallados en la zona. Una técnica arriesgada. Según este procedimiento, las figuras de Nasca fueron trazadas hace mil o mil doscientos años (según quién las estudie) y durante un período de mil quinientos años.
• La técnica denominada AMS ha sido empleada con las piedras que, una vez reunidas o amontonadas, forman o dibujan imágenes. Según los expertos, al remover dichas rocas, la cara que queda expuesta al sol empieza a sufrir, en esos momentos, la lógica oxidación natural. Y la pátina termina «encarcelando» a la materia orgánica. Una materia que puede ser datada por el sistema del carbono catorce (C14). Por el procedimiento de AMS se calculó que algunas de las figuras de Nasca podrían tener ocho mil años de antigüedad. Dato negado por Persis B. Clarkson .
• Según la arqueología oficial, las líneas y figuras han sido obra de tres notables y sucesivas culturas: chavín, paracas y nasca. No fueron los incas, por tanto, los autores de dichos gigantescos y misteriosos dibujos.
• Para la mayor parte de los arqueólogos, la principal concentración de figuras de la pampa de Nasca fue elaborada entre los años 100 y 600 después de Cristo (cultura nasca). Otros aseguran que hay imágenes muy anteriores, pertenecientes a la cultura paracas (mil años antes de Cristo).
Los célebres «pistas» se cuentan por centenares. Sólo desde el aire se aprecia su magnitud.
La mayor parte de los geoglifos se ha logrado con la técnica del barrido superficial de gijarros.
La célebre «araña»: 46 metros.
El «mono»: 90 metros.
Figura del «cóndor-chavín». Longitud: 15,75 metros.
El «perro» o «zorro»: 50 metros.
Figuras y pistas se superponen, fruto, probablemente, de diferentes épocas. «Orca»: 26 metros.
«Elfo» con nueve dedos: 50 metros.
El «hombre lechuza», también llamado «el astronauta»: 32 metros. Obviamente, sólo fue diseñado para alguien que podía volar.
Desierto de Palpa. Enigmáticas figuras geométricas. Los arqueólogos no coinciden en su significado. ¿Calendario lunar? ¿Reloj de sol?
Figuras de Nasca en una de las piedras grabadas de Ica.
Grandes trapezoides rematan líneas kilométricas. Líneas y «pistas» de una perfección matemática.
¿Quiénes eran los misteriosos «viracochas»?
Siglo XVI: primeras noticias A diferencia de lo que sucede con el «candelabro» de Paracas, las líneas de la pampa nasqueña sí disponen de un respaldo histórico.
Pedro Cieza de León es el primero que las menciona. Fue a finales de 1537 cuando el conquistador español acompañaba a Pizarro por el Perú. Cieza fue testigo de excepción de las referidas «señales» y así las describe: «…Signos en algunas partes del desierto que circunda Nazca.» Y añade en sus crónicas que dichos «signos» eran tomados como caminos que debían seguir las comunidades indias.
La ciencia no pregunta a los indígenas…
En esa misma época, otro español -el soldado Francisco Hernández- acampa durante una semana en Nasca y escribe en su diario: «…Los indios trazaban grandes líneas en el suelo.»
Poco después, en 1586, el corregidor Luis de Monzón se dirige al virrey Toledo y le relata lo siguiente: «…Antes de que los españoles dominaran a los incas, en tiempos antiquísimos, un pequeño grupo de otro tipo de gente a la que llamaban los viracochas llegó a esta tierra… y obedeciéndoles, los indios los siguieron e hicieron caminos que hasta ahora se pueden ver, largos como una calle, a cuyos lados construyeron muros bajos…»
De nuevo los «dioses» ¿Los viracochas? ¿Quiénes eran?
Cuando consulté a los indios de la pampa, todos coincidieron. Señalaron al cielo y exclamaron: «¡Dioses!… iDioses que volaban!»
Y añadieron: «Dioses que llegaron de Tiahuanaco y trajeron el arte y la agricultura. Dioses que enseñaron cómo dibujar las líneas y figuras…»
¿Dioses como los representados en las piedras de Ica? ¿Dioses alados? ¿Estaban hablando de lo mismo?
Extraños pozos Nasca, efectivamente, es un continuo sobresalto. Los misterios se empujan unos a otros…
Y en cada visita a la pampa, nuevas sorpresas. La última -referida casi en voz baja- me fue proporcionada también por Herrán, el piloto más veterano de Nasca: «la NASA estuvo aquí…»
Según Eduardo Herrán, responsable del traslado de los científicos que formaban el equipo de la NASA, el grupo de norteamericanos llevó a cabo una serie de pozos en la zona denominada «los trapecios», al noroeste de la ciudad de Nasca.
«…Ocurrió -dice- a cosa de diez o doce kilómetros, y los hicieron en una noche. Introdujeron la maquinaria en el desierto y practicaron las perforaciones, desapareciendo con el amanecer. Nunca dijeron qué habían encontrado…»
De ser cierta la noticia, ¿por qué la NASA se interesó por la pampa nasqueña? ¿Qué era lo que buscaban? ¿Por qué perforaron el desierto? ¿Por qué de noche? ¿Por qué sembraron la pampa de pequeños mojones de hormigón, llamados «puntos de control», con inscripciones en inglés?
Ciertamente, como es sabido, este sistema suele ser utilizado para la elaboración de planos y fotografías aéreos. Pero, tratándose del Perú, ¿por qué las leyendas de los citados «puntos de control» aparecen sólo en inglés?
Años más tarde, uno de los científicos que participó en el asunto -el astrónomo Anthony F. Aveni, de la Universidad de Nueva York- dio una «larga cambiada», asegurando que aquel proyecto (1981-1984) fue un simple trabajo de investigación. Con él se encontraban los antropólogos Tom Zuidema y Gary Urton, de las universidades de Illinois y Colgate, respectivamente, la arqueóloga Silverman, también de Illinois y -cómo no- la antropóloga Persis Clarkson, de Winnipeg, en Canadá.
Sin comentarios…
El valle del infierno
• Las líneas y figuras de Nasca se reparten por el llamado valle del Ingenio, todo un infierno de piedra y arena. Probablemente, una de las regiones más secas del mundo.
• En esta zona no llueve nunca, o casi nunca. La corriente de Humboldt, en las costas del Pacífico, tres grados por debajo de la temperatura del aire, es la responsable de la extrema aridez.
• El índice de precipitaciones es angustioso: apenas un centímetro cúbico al año. Y esas pocas gotas de agua se reparten en unos treinta minutos, cada dos años.
• Esta circunstancia ha permitido, en definitiva, que las líneas, «pistas» y figuras nasqueñas se conserven casi intactas a lo largo de los siglos.
• A la ausencia de lluvias hay que añadir también otro interesante y peculiar factor que ha preservado -casi milagrosamente- la integridad de este tesoro. Los guijarros de la pampa, sometidos durante el día a fuertes temperaturas, acumulan el calor, creando una especie de «colchón» que aísla la superficie del terreno y sobre el que se deslizan vientos y arenas.
Al caminar junto a las figuras, en la pampa de Jumana, no es posible distinguir su increíble magnitud. Sólo desde el aire se advierte todo su esplendor.
Más de veinte «soluciones» al enigma de Nasca
• El formidable misterio de Nasca ha cumplido setenta y cinco años. El primer científico que formuló una hipótesis sobre las líneas fue el peruano Toribio Mejía Xesspe, de la Universidad Nacional de San Marcos. Era el año 1927. Para Mejía, el «tablero maldito» respondía a un antiquísimo y desconocido culto. Las figuras habían sido «descubiertas» pocos años antes por los pilotos peruanos. Acto seguido, toda una legión de expertos visitó la pampa nasqueña, dando sus opiniones. Uno de ellos fue el geógrafo Paul Kosok, de la Universidad de Long Island (Nueva York), quien sobrevoló el sur del Perú en 1939 con el fin de estudiar los antiguos sistemas de regadío. Al descubrir cómo el sol se ponía al final de una de las líneas rectas de Nasca, Kosok afirmó: «Comprendimos, con gran satisfacción, que habíamos dado con la clave del misterio.» Kosok, en efecto, pensó que estaba ante el mayor libro de astronomía del mundo.
• Para la matemática alemana María Reiche, que se entusiasmó con las líneas a través de los estudios de Kosok, estas imágenes sólo son un calendario. Un formidable calendario en el que las figuras reproducen constelaciones y las líneas y pistas marcan solsticios y equinoccios.
• En 1965, el astrónomo Gerald Hawkins visitó la región y sometió las teorías de Reiche a las computadoras. Resultado: el supuesto gran calendario era un fraude.
• Para otros estudiosos -como señala el antropólogo Alfred Métraux en los años veinte-, los dibujos de Nasca guardarían relación con los caminos radiales existentes en el altiplano boliviano y que eran utilizados por los cipayas para llegar hasta lugares sagrados donde depositaban ofrendas a los dioses. Ofrendas destinadas a propiciar buenas cosechas.
• Para el explorador inglés Tony Morrison, las figuras, líneas y pistas serían caminos. Senderos sagrados que unirían templos. Según Morrison, los indios precolombinos disponían de instrumentos topográficos y geométricos para diseñar y ejecutar dichos caminos. El problema es: ¿dónde están las ruinas de esos supuestos templos?
• ¿Rutas comerciales? ¿Un calculador de mareas? ¿Una especie de calendario-clave para saber cuándo sembrar o cosechar? ¿Quizá estamos ante un secreto ritual destinado a provocar la lluvia?
• Fue el astrónomo peruano Luis Mazotti, del Instituto Geográfico Militar, quien contempló otra hipótesis: ¿estaríamos ante un formidable y gigantesco mapa cósmico? ¿Una especie de carta de los cielos en el que cada figura representa una constelación?
Nasca: uno de los lugares más secos del mundo. Sólo llueve ¡un centímetro cúbico al año!
• Para Rubén Amílcar Spaggiari, presidente del GIE (Grupo Argentino de Investigación Espacial), Nasca es una sensacional representación de los continentes de nuestro mundo. «Cada figura -aseguraba- no es otra cosa que una clave para los habitantes del espacio que llegan al planeta…»
• El escritor suizo Erich von Daniken describe Nasca como un espectacular «espacio-puerto», construido por seres extraterrestres. Todo un despropósito…
• La teoría de Jim Woodman y Julian Nott tampoco es compartida por la mayoría de los expertos: los dibujos de Nasca -dicen- fueron logrados merced a los vuelos de los indios… ien globos! La hipótesis, al parecer, está basada en el relato del jesuita portugués Bartolomé de Guzmán, que visitó las selvas amazónicas a finales del siglo XVII. En su informe decía haber visto a los indios «volando en globos que se levantaban con humo». El rey Juan V le llamó a Lisboa y ordenó que construyera uno de estos globos. En 1975, los citados Woodman y Nott se alzaron sobre la Pampa Colorada, en Perú, gracias a un globo de aire caliente del que colgaba una barquilla de totora. Pero muy pocos consideraron esta forzada «solución»…
• El alemán Breuig va más allá en las especulaciones y afirma que el tablero de Nasca fue un «estadio olímpico»: una especie de campo de entrenamiento para corredores del que saldrían los célebres «chasquis», los correos peruanos. La explicación, como las precedentes, no parece seria…
• Los científicos Dobkin y Cárdenas, por su parte, están convencidos de que las figuras nasqueñas son el fruto de las alucinaciones sufridas por los indios al ingerir hierbas mágicas. Otra versión muy poco probable…
Respiraderos, en forma de espiral, de los acueductos de Cantalloc, cercanos a Nasca. Otra asombrosa obra de ingeniería prehispánica.
• El egipcio Henri Stierlin, en un grueso libro, llega a proponer que las líneas y figuras fueron en realidad una especie de soporte sobre el que se extendieron los kilométricos hilos que, posteriormente, sirvieron para confeccionar los mantos de Paracas. En otras palabras: Nasca fue un gigantesco telar.
• Y al igual que ocurrió con la «solución» de Stierlin, también la explicación de William Isbell fue desestimada. En 1980, Isbell escribió que los geoglifos fueron un simple «entretenimiento». Un sistema para ocupar a miles de personas, evitando así la procreación y, en consecuencia, un crecimiento demográfico incontrolado. La hipótesis no se sostiene porque, entre otras razones, las figuras y pistas fueron trazadas a lo largo de mil quinientos años, como mínimo.
• La última hipótesis sobre Nasca se refiere al agua. Para el hidrólogo Stephen Mabee y el arqueólogo Donald Proulx, ambos de la Universidad de Massachusetts (EE. UU.), estos cientos de imágenes serían simples marcadores de aguas subterráneas. El problema -gravísimo, diría yo- que invalida la información de los norteamericanos es que, de los varios cientos de figuras conocidas, sólo cinco coinciden con napas o mantos de agua subterránea. Sólo cinco…
La ciencia no tiene en consideración la tradición de los «viracochas». El pueblo, en cambio, sí. ¿Quién tiene razón?
«Nosotros, los hijos de los viracochas…»
La opinión de los indígenas Obviamente, ninguno de estos científicos se interesó demasiado por la versión india. Siempre sucede. La ciencia, como los críticos de libros, está divorciada del pueblo.
Yo sí lo hice. Pregunté y conversé con los ancianos habitantes de la pampa nasqueña. Y, como decía, todos coincidieron: «Fueron dibujadas por los viracochas…»
Y la tradición peruana -ignorada por los científicos- asegura:
«Hace mucho tiempo, sobre esta pampa, descendieron unos seres que podían volar… Eran los viracochas, los dioses llegados del este… Unos hombres buenos que trajeron la paz, la concordia y el progreso… Y fueron esos dioses quienes dibujaron las primeras líneas y figuras… Después, nosotros, los hijos de los viracochas, seguimos su ejemplo y aprendimos a dibujar en la arena… Ellos lo verán algún día y regresarán…
Sí, regresarán…
La «otra Nasca», junto al río Palpa. Más de trescientas figuras sólo visibles desde el aire y que muy pocos conocen.
La «otra» Nasca Pero «Planeta encantado» quiere ofrecerle algo más. Algo apenas difundido y que, en mi opinión, podría guardar estrecha relación con las mundialmente conocidas figuras y pistas de Nasca. Lo que califico como la «otra» Nasca o la Nasca «olvidada»: cientos de imágenes, probablemente más antiguas que las nasqueñas, trazadas también en los ardientes desiertos peruanos y a escasa distancia del valle del Ingenio. Unos dibujos que le ofrezco en rigurosa primicia.
La nueva sorpresa se encuentra al norte de la citada ciudad de Nasca, a poco más de veinticinco kilómetros y entre los resecos arenales de Palpa, Ica y Ocucaje.
Como digo, decenas de geoglifos prácticamente ignorados. Según mis cálculos, alrededor de trescientas figuras, similares a las de la pampa nasqueña. ¿O son éstas una copia de las dibujadas en Palpa?
Hagamos un rápido repaso de las más atractivas:
La avenida de las picaduras de viruela Las imágenes, una vez más, hablan por sí solas. Casi sobra todo comentario.
La llamada «avenida de las picaduras de viruela» o «huella de la serpiente» es otro de los enigmas de estas tierras: alrededor de cinco mil orificios circulares (algunos hablan de más de diez mil), con proyección cónica y una profundidad media de entre noventa y cien centímetros. Miles de hoyos idénticos, muy bien alineados y que trepan por cerros y colinas, a lo largo de kilómetros. La mayor concentración se encuentra sobre la margen izquierda del camino Castrovirreina y a poco más de un kilómetro del distrito de Humay. Pueden contemplarse desde el aire en una meseta que discurre entre colinas bajas. Fueron descubiertos en 1931 por la expedición Shippe-Jokhson, de la National Geography.
¿Por qué los excavaron? ¿Por qué en mitad de estos cerros calcinados? Nadie lo sabe con certeza.
La «tarjeta perforada» Otro misterio: la llamada «tarjeta perforada». Una increíble sucesión de puntos en forma de aspa, excavados a lo largo de quince columnas o líneas paralelas. Una imagen que tampoco resulta fácil de interpretar y que, evidentemente, fue trazada para ser vista desde el aire.
¿Estamos ante un sistema de navegación aérea? Pero, ¿quién podía volar hace quinientos o mil años?
El gigante de cabeza cuadrada Y a escasos kilómetros, figuras de «gigantes». Seres enigmáticos, sólo visibles desde un avión, coronados por plumas (?) o antenas (?). Figuras antiquísimas -probablemente de mayor antigüedad que las de Nasca- que levantan los brazos y muestran objetos desconocidos. Y entre estas figuras desconcertantes, el «rey» de Palpa: el gigante de cabeza cuadrada. Nadie se atreve a pronunciarse sobre tan extraña imagen. ¿Podría representar a los famosos y desconocidos viracochas, los dioses capaces de volar?
Curiosamente, a casi mil trescientos kilómetros hacia el sur, en el ardiente desierto chileno de Atacama, existe otra figura de gran parecido: un gigante sólo visible desde el aire, también de ojos cuadrados y «antenas» o «rayos» alrededor de la cabeza. ¿Fueron obra del mismo autor?
Y en las siguientes laderas, nuevos «gigantes» que parecen saludar a quienes se acercan por el cielo. Y en Pozo Santo y en el cerro de Cabeza Larga, más señales geométricas incomprensibles, individuos con grandes cascos (?), felinos, aves desconocidas y decenas de nuevos «gigantes»…Todo un intrigante misterio que la ciencia no sabe despejar.
La estrella de San Javier Y en el calcinado arenal de Ica, otra imagen fascinante: la que llaman la «estrella de San Javier» o la «cruz de Palpa», descubierta por los pilotos de Aerocondor en 1984 y sobre la Hacienda de San Javier. Otro desafío a la razón.
El cuadrado principal mide 64 metros de lado. Las figuras interiores alcanzan los ocho metros. Se trata, sin duda, del más intrigante de los jeroglíficos peruanos. ¿Qué representa la gran cruz central? ¿Por qué aparece orientada hacia el norte magnético, con un error de 0,2 grados? ¿Cómo debemos interpretar los doscientos orificios y las decenas de líneas que unen los círculos? ¿Estamos ante un mensaje matemático? Nadie lo sabe con certeza…
Cientos de «pistas» Y al igual que sucede en la pampa de Nasca, cientos de líneas y «pistas», algunas de catorce kilómetros de longitud. «Pistas» de trazado impecable entre las que surgen elaboradas figuras de aves y flores. Imágenes que -como puede verificar el lector- , lamentablemente, están siendo destruidas por la mano del hombre.
¿Un avión hace dos mil años? Concluyo este repaso a la «otra» Nasca con una figura que me dejó igualmente perplejo: el colibrí con un «avión» (?) sobre el cuerpo. Las fotografías, efectivamente, hablan por sí solas…
Estamos ante la representación de un colibrí. Una figura de cincuenta metros de longitud con «algo» muy especial sobre el lomo: un «avión» de alas rectas, morro puntiagudo y timón de cola.
Y regreso a la gran pregunta: ¿quién volaba en la antigüedad?
La «huella de la serpiente»: miles de orificios que trepan por los cerros. Nadie sabe por qué o para qué.
Seres gigantescos con las cabezas emplumadas.
Algunos lo llaman el «degollador». Otros, el «ET». Se encuentra a 470 metros sobre el nivel del mar.
Palpa, muy pocos sobrevuelan la «otra Nasca».
Misteriosos felinos…
«Pista», posible colibrí y flor mezclados. Fruto, posiblemente, de diferentes épocas y estilos.
¿Un pez estilizado? Los surcos más profundos alcanzas treinta centímetros.
Sólo desde el aire se puede apreciar la extraordinaria dimensión de las figuras.
Espirales y figuras geométricas desconocidas en el desierto de Palpa.
¿Un avión sobre el cuerpo del colibrí?
Palpa. Para los arqueólogos, el «Sol» y la «Luna».
«Cruz de Palpa» o de «San Javier». Nadie ha logrado descifrar el misterio.
¿Flor? ¿Instrumento quirúrgico? ¿Objeto ritual? Nadie lo sabe.
Y junto a las figuras de Palpa, cientos de líneas y «pistas» idénticas a las de Nasca.
Según los pilotos, un avión podría tomar tierra en estas increíbles «pistas».
Lamentablemente, las obras humanas estan destrozando algunas de las «pistas» y figuras (Palpa).
La carretera Panamericana Sur ha mutilado «pistas» y figuras (Nasca).
Punto final
Atrapado en mitad de la nada
Siete horas para recorrer 150 kilómetros y todavía no hemos llegado a nuestro destino de adobe y paja. Creo que faltan 12 kilómetros. El sol cae sin piedad sobre los 4.000 metros de altura de la cordillera peruana. El «mal de altura» nos acompaña desde el amanecer: no hay manera de suavizar la sensación de ahogo. El mareo es continuo. Y encima, Carlitos, nuestro guía, se rinde ante la adversidad y derrapa sobre el barrizal. El todoterreno queda atrapado en mitad de la nada. iLo que faltaba!
Nos quedan dos horas de luz para llegar al siguiente pueblo. De lo contrario, habría que pasar la noche dentro del coche. El Destino, una vez más, fue benevolente con este aventurero. Inesperadamente, después de treinta minutos de acelerones, Carlitos saca el vehículo… Volvemos a respirar.
Seguimos nuestro camino hacia un merecido descanso, sin comodidades, pero descanso al fin y al cabo.
Anexo I
Informe realizado por el Departamento de Química Física de la Universidad de Cádiz.
Cuadernos de campo
Publicados por primera vez
A lo largo de treinta años de investigación por todo el mundo, J.J. Benítez ha reunido un centenar de cuadernos de campo. Unos textos íntimos -él prefiere llamarlos «cuadernos casi secretos»-, en los que refleja el día a día de viajes, investigaciones, éxitos y fracasos.
Jamás se habían publicado. Con «Planeta encantado» salen al fin a la luz. Una vez más, las imágenes hablan por sí solas…